lunes, 27 de junio de 2016

L'Ariegeoise



Si accedes al departamento de l'Ariege entrando por el túnel de Puymorens, te darás cuenta rápidamente que es una zona con un encanto especial.
El valle se cierra, la carretera se estrecha, la naturaleza nos envuelve,...
Muy bien se presentaba la carrera ante tal panorama. Íbamos a disfrutar de lo lindo de la zona.
Tarascan sur Ariege era el pueblo del inicio de la prueba y donde los corredores recogían el dorsal. Se respiraba un gran ambiente y muchos de los ciclistas se acercaban a nuestro stand para contemplar el recorrido a vista de pájaro, hacerse una foto en el photocall o saludar a Melcior Mauri que vino con nosotros para el evento.




Incluso viajeros de otras épocas se interesaron por nuestros GPS.

 

Domingo amanecía nublado pero sin frío. 

Nos acercamos hasta la salida esperando el pistoletazo inicial.

Os pongo en situación. No hacía ni una semana que me había recorrido los Pirineos de Roses a Hondarribia en 7 días. La transpyr backroads me había dejado justito de fuerzas y me estaba recuperando poco a poco.
La idea era hacer la Ariegeoise a ritmo sostenible. Sin grandes esfuerzos, piano-piano y a pedaleo constante para poder terminarla bien y disfrutarla al máximo.
Pero solo empezar me di cuenta de que no sería así. Al ser una carrera cronometrada de principio a fin, los ciclistas iban a por todas desde el primer momento. Muy distinto a cuando solo cronometran algún puerto y puedes ir más relajado el resto de la carrera.
Rodando por llano a 40/45 km/h me pasaban como flechas por los dos lados.
Tuve que aumentar el ritmo o no podría meterme en ningún grupo para ir relativamente cómodo.

Al tomar altura la niebla nos envolvía poco a poco.  Frío y una fina lluvia nos acompañaron en gran parte de la ruta. La gran mayoria del recorrido era a más de 1000mts de altura.
Aquí tenemos un error que suelo cometer a menudo. No cuento con esos cambios climatológicos que entraña la montaña y voy poco abrigado.
No está nunca de más llevar un cortavientos, unos manguitos y por supuesto un impermeable.
El clima en la montaña suele cambiar con facilidad y no podemos arriesgarnos a que la lluvia o el frío nos hagan sufrir más de lo debido.

Recuperé bastante tiempo en los puertos tirando de experiencia. Mente fría y no dejarse llevar por el ritmo del resto de ciclistas. Como decimos popularmente, yo, a la mia.
El Pailleres era el reto del día. 16km con una pendiente media de casi 10%.
Por suerte mi ritmo sostenible es relativamente alto y me permite hacer estos puertos con soltura. Mucho tiene que inclinarse el asfalto para no permitirme eso.
Noté mucha falta de chispa en el continuo sube-baja final, debido a el desgaste de la semana anterior. Pero con paciencia lo fui solventando.
 Sientes mucho el dolor en las piernas cuando se enfrían en una bajada y debes calentarlas de nuevo para subir. Cuando eso es una constante porque el terreno nos reta con esa orografía, hay que saber tener paciencia y no gastarnos más de lo debido en ese calentamiento.

Antes de llegar a meta tenía la opción de desviarme para subir un último puerto, el Plateau de Beille, o terminar ahí.
Llevaba 150km y me quedaban 10 hasta el coche. Preferí dejar el último puerto como reto para el año que viene. Suena a excusa, y lo es. Estaba agotado. Si llego a estar bien, no habría dudado en subirlo.
Aun y así, muy buen fin de semana en general. Recomiendo mucho esta carrera a quienes quieran ponerse a prueba ante otros participantes que no se lo van a poner nada fácil. Lucha de principio a fin.
Tuvimos hasta esprint final!

Felicitar a la organización por un gran trabajo. No es nada fácil organizar una carrera con 4 recorridos a la vez.

Siguiente reto, La Purito en Andorra. 14 de agosto. Dura, dura,...

martes, 24 de mayo de 2016

Los 10000 del Soplao



El pasado viernes, mi ahijado daba su decimonovena vuelta al sol en este nuestro barco llamado tierra.
Lo celebramos juntos el jueves, ya que el viernes me iba hacia Cabezón de la Sal, a correr una de las pruebas más duras que haría este año, Los 10000 del Soplao.
Con más de 160km y 4600mts de desnivel, este denominado infierno cántabro, nos daría la posibilidad de convertir ese infierno en paraíso al rodar por los montes más míticos de la zona, y deleitarnos con los maravillosos paisajes que la caracterizan.

El día se despertó indefinido, sin mucho frío ni calor. Ideal para no tener claro que equipación llevar.
Decidí usar la chaqueta, ya que seguro en los puertos haría frío e incluso podía llover.


Gran ambiente en la salida! Se notaba en los rostros de mis compañeros de aventura que había nervios y ganas de empezar.

Si algo caracteriza al ciclista de montaña, es que se le oye sin cesar. Bromas, risas y gritos, se escuchan por doquier. Al contrario del de carretera, más silencioso y concentrado. Ese punto de rudeza te da una fuerza extra que precisa la btt.
Las rampas de los primeros puertos nos dejaron sin aliento. Había que afrontarlas piano-piano para no desgastarnos en demasía.
Nos encontrábamos rodeados de ciclistas, y tuvimos que hacer malabarismos sobre la bicicleta para no caernos, ya que entre tanta gente es complicado mantener un ritmo de subida. Hay que saber rodar en estas condiciones. Una carrera también es eso. Saber convivir con las actitudes y aptitudes de todos. 
Apreté para intentar dar caza a mis compañeros que se habían adelantado en la salida. Al contactar con ellos vi que no estaban todos y me animé a contactar con los siguientes.


Hacia el km 25/30 noté un cansancio inusual. No podía estar sin fuerzas a estas alturas! Llevaba muy poco y si la tónica era esa no podría terminar.
Enlacé con el grupeto de 3 y me quedé con ellos. Pero seguía agotado.
Encontré el problema. La temperatura había subido casi hasta los 20 grados y el calor que me daba la chaqueta me estaba deshidratando.  Era un pequeño horno sobre el sillín.
Al quitármela e hidratarme bien, renací. Me falto un punto que recuperé poco a poco.
Son muchos los factores que deben darse para estar bien. Muchas las causas por las que podemos bajar nuestro rendimiento. Hay que tener paciencia y saber analizarlas.
Superé una buena crisis. En algunos momentos temí tener que dejarlo y eso me hundía.
Perdí un buen puñado de tiempo y se me fueron mis compañeros de nuevo.
Pero me concentré en el pedaleo y las sensaciones para tener un buen ritmo de nuevo y alcanzarles.

Hay algo en eso que me enorgullece y supe el día después de la carrera. Según me dijeron, soy "borde" cuando voy en bici. 
Es tal mi concentración, que al pasar por uno de los pueblos me saludaron y animaron y ni cuenta me di.
No es que no sienta el ánimo de la gente. Simplemente voy muy concentrado en lo que hago. 


En todos y cada uno de los pueblos que pasamos la gente estaba volcada al ciclista. Te llevaban, como se dice comúnmente, en volandas.
En las primeras rampas del último puerto, el Negreo, viví el mejor momento de la carrera. Reíros de los grandes puertos del tour. Había tanta gente animando que ni me acordé que era una pendiente del 20%. Al llegar al descansillo, se hacían cargo de la bici y te dejaban que degustaras el avituallamiento preparado por la gente de la zona.  Parrilla con lomo, pasteles de todo tipo,... Una gozada!

Ya solo quedaba subir este durísimo puerto y llegar a Cabezón.


Ha sido muy hermoso vivir esta experiencia junto a mis amigos de La Taca de Collbató y con Alessandra, Marta, Cristina y Dani.

Y como no, compramos unos quesitos artesanos típicos de la zona.


No es R2-D2 sacado del Xwing después de la batalla de Yavin. Es Petra tras el Soplao. Se ha bien ganado la matrícula de honor. 

La semana que viene le toca a Matilda cumplir en Vitoria.
Ya os contaré...

martes, 26 de abril de 2016

Rosas, coques y el 20%



Las que me me conocen bien saben que por Sant Jordi no fallo. Si comparto un día a día y hay un cariño, tienen su rosa sin faltar.
Este año Sant Jordi caía en sábado. Me sentí ofendido porque alguna penso que no tendría rosa. Pero me anticipé a viernes porque sus caras y emociones no me las quiero perder por nada del mundo.



Objetivo cumplido y jornada laboral finalizada, tomo rumbo a Berga, a mitad de camino entre Arenys y Llívia. Donde haría la ascensión a Rasos de Peguera, una antigua estación de esquí del Prepirineo catalán. Con 20km de subida con fuertes pendientes que nos servirían como calentamiento (mental) para los retos de sábado y domingo.
El tiempo era estable y QUEEN sonaba en la radio. Todo parecía ir bien hasta que a 200mts del desvio donde debía aparcar e iniciar la marcha, cae una tromba de agua de no te menees. Lo primero que me vino a la mente fue, Carles te están poniendo a prueba, aquí se verán tus ganas reales de ir en bici, vas a detenerte a ver si cesa la lluvia o sigues y hoy no pedaleas?
Decidí que me detendría.
Y como por arte de magia, justo en el desvío, para de llover y al estar el día caluroso el asfalto se secó muy rápido.
Aparco el coche y me preparo para arrancar. Me siento en el sillín y siento un dolor agudo en la parte posterior de la ingle. La parte derecha del punto de apoyo.
Pero si hay que pedalear con dolor, se pedalea con dolor.
Arranco para arriba y hermosos paisajes me obligan a detenerme para hacer alguna foto.



La bajada fue por la misma carretera y para que os hagaís una idea de la pendiente os muestro mi velocidad máxima. Esas velocidades las alcancé en varios tramos.




Sábado salida larga. Bien prontito me levanto para afrontar los más de 160km que tenía por delante.
El tiempo fantástico. La temperatura ideal. Pero el dolor inguinal seguía ahí en cada pedalada.
Poca historía hasta llegar a Andorra, carretera con ligera pendiente descendiente que se hace sin problema.
En Andorra empieza lo bueno.
El Coll de la Gallina. Uno de los puertos más duros de la zona con varios tramos con pendientes de 14 al 17%.
15km de subida que se hacían más llevaderos gracias a sus curvas de herradura.
Mentalmente es más pesado subir por largas rectas que tramos muy curvados ya que los puntos de referencia son más cortos.
Carteles indicativos en cada km ayudan a saber con que te vas a encontrar y se agradecen, y mucho, ya que te dosificas con conocimiento de causa.



Llegada a la cima y foto de rigor.





El regreso se hizo muy largo. 60km con ligera pendiente ascendiente y la incomodidad de no ir bien acoplado a la bici por problemas físicos.
Pero esto, señores, es ciclismo! Un deporte duro. Un deporte que fortalece cuerpo y mente. Quien no quiera sufrir, que no se monte en una bici y se quede en casa jugando a las canicas.
Y como debe ser, todo esfuerzo tiene su premio.
Cal Cofa nos esperaba. Unas habas a la catalana y unas manitas de cerdo con caracoles. Vino tinto del Monsant. Y de postre, el ya famoso pastel de queso con arándanos.



Esta vez hicimos una variante en el menú. Llevé coques de Arenys a mis amigos de Cal Cofa. Son siempre encantadores conmigo y quise que probaran una de las especialidades de mi pueblo.
Como no podía ser de otra forma, les encantaron!
Lástima no encontré rosas para las chicas, pero un estómago agradecido, es un corazón feliz, y creo que con las coques hicimos pleno.

El domingo me desperté prontito para salir y poder ir en coche hasta Guardiola de Berguedà donde iniciaría mi salida del domingo.
Más de 120km por el corazón de la cordillera del Cadí. Territorio bastante inexplorado para mí.
Tenía un mal presentimiento. El día estaba nublado pero sabía que con el calor del sol se iría despejando. A primera hora hacía mucho frío y no tenía buenas sensaciones.
Me lo iba a tomar piano-piano ya que el primer puerto del día iba a ser uno de los más duros que subiría en la Transpyr. El Pradell.
Con varias rampas del 14, 16 y 18% y una temida de casi 200mts al 20%. La más dura que subiré en mi travesía por los Pirineos.
Maravillosas vistas me hacían detener a tomar una instantánea para poder compartirla con vosotros.




La subida no cesaba pero la solventaba con buena nota. El tramo más duro era de cemento en lugar de asfalto y eso hizo todavía más complicada la ascensión.



Pero llegamos arriba. El día era esplendido y las vistas del Pedraforca, únicas.



Recordaba mi experiencia al subirlo hace ya un año. Es una cima mítica catalana. No confundirse, no se sube en bicicleta, se sube caminando. Pero los que sufrimos vértigo como es mi caso, subir el Pedraforca es una buena hazaña.
Podéis ver un video de youtube para haceros una idea de un tramo de la grimpada.

Grimpada Pedraforca

Ver esta cima me recuerda como hay que luchar para vencer los miedos. Es bueno tener eso siempre presente.
Inicio la bajada del puerto con mucho cuidado ya que había hielo en la carretera. Era un tramo sombrío con mucha humedad. El día era soleado pero de golpe se volvió frío.
Hasta que no llegamos a la carretera principal no sentimos de nuevo el calor del sol.
Seguimos la carrerera por unos valles que me dejan boquiabierto.
Como es posible que un país pequeño como Catalunya, del que presumo conocer como la palma de mi mano, pueda todavía sorprenderme con rincones de semejante belleza?
Os aseguro que ante este panorama se te van los dolores y el cansancio. No haces más que disfrutar del entorno y repetirte mentalmente lo afortunado que eres de estar ahí.
El coll de Josa nos regala esta magnífica vista del pueblo de Gòsol.



Bajamos hasta el pueblo de Josa del Cadí. Un pueblo solitario. En el corazón de la montaña. Sentimos la soledad del lugar. Se respira paz y tranquilidad pero también un poco de inquietud por estar rodando solo por estos parajes tan apartados de los núcleos urbanos.




Sigo descendiendo a Tuixent y en un bache pincho la rueda. Cambio la cámara. Pero seguramente no lo hice en las mejores condiciones y al hincharla vi que la nueva tenía un agujerito y no pude seguir.
Decepción total en una carretera cerrada, fría, y con ventisca. Circunstancias varias que ponían a prueba mi preparación mental para las carreras largas.
Si me sucede esto hay que mantener la calma. No solo en el momento. También a posteriori. Por suerte pudieron venir a buscarme y había que llegar a casa, darse una buena ducha, comer bien y valorar todas las cosas positivas aprendidas estos días.
Me quedo sin duda con las rosas, les coques y la pendiente del 20%.

Si todos los astros se alinean correctamente este fin de semana que viene, puede sucederme algo muy grande...