martes, 26 de abril de 2016

Rosas, coques y el 20%



Las que me me conocen bien saben que por Sant Jordi no fallo. Si comparto un día a día y hay un cariño, tienen su rosa sin faltar.
Este año Sant Jordi caía en sábado. Me sentí ofendido porque alguna penso que no tendría rosa. Pero me anticipé a viernes porque sus caras y emociones no me las quiero perder por nada del mundo.



Objetivo cumplido y jornada laboral finalizada, tomo rumbo a Berga, a mitad de camino entre Arenys y Llívia. Donde haría la ascensión a Rasos de Peguera, una antigua estación de esquí del Prepirineo catalán. Con 20km de subida con fuertes pendientes que nos servirían como calentamiento (mental) para los retos de sábado y domingo.
El tiempo era estable y QUEEN sonaba en la radio. Todo parecía ir bien hasta que a 200mts del desvio donde debía aparcar e iniciar la marcha, cae una tromba de agua de no te menees. Lo primero que me vino a la mente fue, Carles te están poniendo a prueba, aquí se verán tus ganas reales de ir en bici, vas a detenerte a ver si cesa la lluvia o sigues y hoy no pedaleas?
Decidí que me detendría.
Y como por arte de magia, justo en el desvío, para de llover y al estar el día caluroso el asfalto se secó muy rápido.
Aparco el coche y me preparo para arrancar. Me siento en el sillín y siento un dolor agudo en la parte posterior de la ingle. La parte derecha del punto de apoyo.
Pero si hay que pedalear con dolor, se pedalea con dolor.
Arranco para arriba y hermosos paisajes me obligan a detenerme para hacer alguna foto.



La bajada fue por la misma carretera y para que os hagaís una idea de la pendiente os muestro mi velocidad máxima. Esas velocidades las alcancé en varios tramos.




Sábado salida larga. Bien prontito me levanto para afrontar los más de 160km que tenía por delante.
El tiempo fantástico. La temperatura ideal. Pero el dolor inguinal seguía ahí en cada pedalada.
Poca historía hasta llegar a Andorra, carretera con ligera pendiente descendiente que se hace sin problema.
En Andorra empieza lo bueno.
El Coll de la Gallina. Uno de los puertos más duros de la zona con varios tramos con pendientes de 14 al 17%.
15km de subida que se hacían más llevaderos gracias a sus curvas de herradura.
Mentalmente es más pesado subir por largas rectas que tramos muy curvados ya que los puntos de referencia son más cortos.
Carteles indicativos en cada km ayudan a saber con que te vas a encontrar y se agradecen, y mucho, ya que te dosificas con conocimiento de causa.



Llegada a la cima y foto de rigor.





El regreso se hizo muy largo. 60km con ligera pendiente ascendiente y la incomodidad de no ir bien acoplado a la bici por problemas físicos.
Pero esto, señores, es ciclismo! Un deporte duro. Un deporte que fortalece cuerpo y mente. Quien no quiera sufrir, que no se monte en una bici y se quede en casa jugando a las canicas.
Y como debe ser, todo esfuerzo tiene su premio.
Cal Cofa nos esperaba. Unas habas a la catalana y unas manitas de cerdo con caracoles. Vino tinto del Monsant. Y de postre, el ya famoso pastel de queso con arándanos.



Esta vez hicimos una variante en el menú. Llevé coques de Arenys a mis amigos de Cal Cofa. Son siempre encantadores conmigo y quise que probaran una de las especialidades de mi pueblo.
Como no podía ser de otra forma, les encantaron!
Lástima no encontré rosas para las chicas, pero un estómago agradecido, es un corazón feliz, y creo que con las coques hicimos pleno.

El domingo me desperté prontito para salir y poder ir en coche hasta Guardiola de Berguedà donde iniciaría mi salida del domingo.
Más de 120km por el corazón de la cordillera del Cadí. Territorio bastante inexplorado para mí.
Tenía un mal presentimiento. El día estaba nublado pero sabía que con el calor del sol se iría despejando. A primera hora hacía mucho frío y no tenía buenas sensaciones.
Me lo iba a tomar piano-piano ya que el primer puerto del día iba a ser uno de los más duros que subiría en la Transpyr. El Pradell.
Con varias rampas del 14, 16 y 18% y una temida de casi 200mts al 20%. La más dura que subiré en mi travesía por los Pirineos.
Maravillosas vistas me hacían detener a tomar una instantánea para poder compartirla con vosotros.




La subida no cesaba pero la solventaba con buena nota. El tramo más duro era de cemento en lugar de asfalto y eso hizo todavía más complicada la ascensión.



Pero llegamos arriba. El día era esplendido y las vistas del Pedraforca, únicas.



Recordaba mi experiencia al subirlo hace ya un año. Es una cima mítica catalana. No confundirse, no se sube en bicicleta, se sube caminando. Pero los que sufrimos vértigo como es mi caso, subir el Pedraforca es una buena hazaña.
Podéis ver un video de youtube para haceros una idea de un tramo de la grimpada.

Grimpada Pedraforca

Ver esta cima me recuerda como hay que luchar para vencer los miedos. Es bueno tener eso siempre presente.
Inicio la bajada del puerto con mucho cuidado ya que había hielo en la carretera. Era un tramo sombrío con mucha humedad. El día era soleado pero de golpe se volvió frío.
Hasta que no llegamos a la carretera principal no sentimos de nuevo el calor del sol.
Seguimos la carrerera por unos valles que me dejan boquiabierto.
Como es posible que un país pequeño como Catalunya, del que presumo conocer como la palma de mi mano, pueda todavía sorprenderme con rincones de semejante belleza?
Os aseguro que ante este panorama se te van los dolores y el cansancio. No haces más que disfrutar del entorno y repetirte mentalmente lo afortunado que eres de estar ahí.
El coll de Josa nos regala esta magnífica vista del pueblo de Gòsol.



Bajamos hasta el pueblo de Josa del Cadí. Un pueblo solitario. En el corazón de la montaña. Sentimos la soledad del lugar. Se respira paz y tranquilidad pero también un poco de inquietud por estar rodando solo por estos parajes tan apartados de los núcleos urbanos.




Sigo descendiendo a Tuixent y en un bache pincho la rueda. Cambio la cámara. Pero seguramente no lo hice en las mejores condiciones y al hincharla vi que la nueva tenía un agujerito y no pude seguir.
Decepción total en una carretera cerrada, fría, y con ventisca. Circunstancias varias que ponían a prueba mi preparación mental para las carreras largas.
Si me sucede esto hay que mantener la calma. No solo en el momento. También a posteriori. Por suerte pudieron venir a buscarme y había que llegar a casa, darse una buena ducha, comer bien y valorar todas las cosas positivas aprendidas estos días.
Me quedo sin duda con las rosas, les coques y la pendiente del 20%.

Si todos los astros se alinean correctamente este fin de semana que viene, puede sucederme algo muy grande...